Cuerpos y voces de mujeres en  
contextos de violencia armada:  
memoria intergeneracional de infancias*  
Bodies and voices of women in contexts of armed  
violence: intergenerational memory of childhood  
Recibido: 1 de febrero de 2024  
Aceptado: 18 de junio de 2024  
pp. 41-61  
Como citar este artículo APA7:  
Marin, M., Tobón, V., Londoño, V., Marin, M. y Saldarriaga, J. (2024).Cuerpos y voces de mujeres en contextos  
de violencia armada: memoria intergeneracional de infancias. Revista Miradas, 19(1), 41-61.  
Milena Marín Mejía**  
Valeria Tobón Ortiz***  
Valeria Londoño Rojas****  
Mary Luz Marín Posada*****  
Jaime Alberto Saldarriaga Vélez******  
* Este capítulo es resultado del proyecto Narrativas intergeneracionales de infancia: cuerpos de niñas permeados por la guerra,  
cofinanciado por la Vicerrectoría de investigaciones y la Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia en la modalidad de  
Pequeños proyectos, convocatoria 2023-l. Acta de inicio TG-001-2023  
** Licenciada en Pedagogía Infantil. Joven investigadora del proyecto de cooperación internacional “Education for the Sustainable  
Development Goals – Capacity Building for Educators” con la Universidad de Antioquia y creadora de experiencias educativas  
STEAM. Integrante del semillero Educación, Lenguaje y Cognición. Universidad de Antioquia  
*** Licenciada en Pedagogía Infantil. Integrante del semillero Educación, Lenguaje y Cognición. Universidad de Antioquia.  
**** Licenciada en Pedagogía Infantil. Integrante del semillero Educación, Lenguaje y Cognición. Universidad de Antioquia.  
***** Asesor proyecto TG-001-2023. Doctora en Ciencias Sociales, niñez y juventud. Profesora Universidad de Antioquia.  
****** Doctor en Ciencias Sociales, niñez y juventud. Profesor Universidad de Antioquia. Asesor proyecto TG-001-2023.  
Cuerpos y voces de mujeres en contextos de violencia  
armada: memoria intergeneracional de infancias  
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Abstract  
Resumen  
Este artículo es el resultado de una inves-  
tigación que buscó comprender y visibili-  
zar el significado de ser o haber sido niña  
en el contexto de la violencia armada, de  
mujeres de diferentes generaciones en  
la Comuna 2 Santa Cruz, Medellín, Co-  
lombia. Históricamente, sabemos que las  
mujeres y las niñas han sido invisibiliza-  
das y silenciadas en medio de la violencia  
armada, así que el enfoque hermenéuti-  
co de la presente investigación posibilitó,  
metodológicamente, una tertulia de mu-  
jeres, o tertuliadero, que generó vínculos  
de confianza y develó las subjetividades y  
cosmovisiones de las participantes. Asi-  
mismo, se tejieron memorias de expe-  
riencias vividas por las niñas de distintas  
generaciones en el territorio atravesado  
por actores armados y en intersección  
con diferentes violencias: de género, pa-  
triarcal, adultocéntrica y doméstica. No  
obstante, las mujeres hicieron memoria  
conjuntamente y desarrollaron acciones  
de paz, esperanza y sororidad que recons-  
truyen comunidad y territorio.  
This article is the result of research that  
sought to understand and make visible the  
meaning of being or having been a girl in  
the context of armed violence, of women  
of different generations in Commune 2  
Santa Cruz, Medellín, Colombia. Histori-  
cally, we know that women and girls have  
been invisible and silenced in the midst  
of armed violence, so the hermeneutic  
approach of the present research enabled,  
methodologically, a gathering of women,  
o tertuliadero, which generated bonds of  
trust and revealed the subjectivities and  
worldviews of the participants. Memories  
were also woven of experiences lived by  
girls of different generations in the terri-  
tory taken by violence by armed actors  
in intersection with gender, patriarchy,  
adult-centric and domestic violence.  
However, the women remembered toge-  
ther and developed actions of peace, hope  
and sorority that rebuild community and  
territory.  
Palabras  
violencia  
clave:  
Infancias,  
mujeres,  
memoria  
Keywords: Childhoods, women, armed  
armada,  
violence,  
intergenerational  
memory,  
intergeneracional, cuerpo, resistencia.  
body, endurance.  
Revista Miradas | ISSN-e 2539-3812  
Vol. 19 Núm. 1 (enero-junio) de 2024  
Mary Luz Marín Posada, Valeria Londoño Rojas,  
Valeria Tobón Ortiz, Jaime Alberto Saldarriaga Vélez y Milena Marín Mejía  
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Introducción  
Antes poníamos los muertos, ya no.  
Ya ponemos los desaparecidos” (S1SC; AM57)  
En el trasfondo de más de seis décadas de conflicto armado en Colombia, se revela una rea-  
lidad inquietante: las mujeres, especialmente las niñas, han sido víctimas silenciadas de las  
múltiples formas de violencia que han marcado sus vidas. Este artículo busca explorar y di-  
vulgar las experiencias de infancia de mujeres de diferentes generaciones en la Comuna 2 de  
Medellín – Santa Cruz, a partir del reconocimiento de las precarizaciones sistemáticas a las  
que se han visto expuesta, así como sus modos de resistencia a dichas situaciones.  
El propósito de esta investigación es reconstruir el tejido de las historias, relatos y vo-  
ces de las mujeres para mostrar cómo han afrontado, resistido y desafiado las diversas formas  
de violencia a las que se han expuesto, tanto dentro como fuera de sus hogares. Desde un  
enfoque de investigación hermenéutico, con hincapié en las subjetividades, cosmovisiones y  
memorias que han referenciado las infancias de las niñas de distintas generaciones que han  
habitado el territorio. Esta investigación permitió una inmersión profunda en las historias,  
experiencias y recuerdos de las adultas, jóvenes y niñas partícipes en ella, mediante la explo-  
ración de sus subjetividades y cómo han construido y resignificado sus memorias de infancia.  
La recolección de datos utiliza técnicas como cartografías corporales, manifiestos, círculos  
de la palabra y colchas de retazos, las cuales destacan las experiencias de niñas de distintas  
generaciones. Como resultado de esto nació El Tertuliadero Raíz de Fuego Mujeres, un espacio  
para la conversación y el encuentro, que no solo buscó dialogar sobre las huellas que dejó y  
aún deja la violencia armada en los cuerpos y las vidas de las mujeres, sino también contribuir  
al proceso de reconciliación y construcción de paz.  
Marco de Referencia  
Niños, Niñas y Conflicto Armado: Algunos Antecedentes Investigativos  
La revisión de investigaciones antecedentes recogió especialmente estudios sobre niños, niñas  
y violencia armada, o conflicto armado, así:  
DOI: https://doi.org/10.22517/25393812.25548  
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La investigación El juego de la guerra, niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado  
en Colombia, de Romero y Chávez (2008), reconoce algunas consecuencias asociadas a las  
afectaciones como la transformación de la cultura infantil, la normalización de la violencia y  
las implicaciones en la participación de niños y niñas en grupos armados, la guerra como un  
juego, y la posibilidad de recibir recompensa, reconocimiento y protección.  
En la investigación La infancia que nos dejó la guerra: La construcción de las nociones  
de infancia y el despojo educativo en narraciones infantiles en el conflicto armado colombiano,  
de Jara (2021), se muestra el despojo educativo, la forma en la que los niños y las niñas son  
limitados y restringidos de su propio entorno social y a su capacidad de decidir presente y  
futuro. Concluye que la escuela en contextos de guerra necesita repensarse para adaptarse a  
sus necesidades y garantizar el ingreso y permanencia  
Por otro lado, Perdomo y Barón (2020) en la investigación Experiencias de infancia en  
Colombia: narrativas de niños en el marco del conflicto armado y la paz (1996-2018), hallan  
que hace relativamente poco se investiga la infancia en la guerra, puesto que los imaginarios  
generalizados ven la infancia como un periodo de la vida ideal; una infancia feliz, protegida,  
inocente y no participante. Las autoras resaltan la importancia de comprender a los niños y  
niñas como sujetos/actores, víctimas y testigos del conflicto armado, de otorgarles un papel  
participativo y protagónico como individuos que han vivido y padecido el conflicto desde la  
dimensión humana.  
De la misma manera, Pinzón et al., (2018) en el texto Narrativas de niñas en situación  
de desplazamiento, desde sus experiencias, sentidos y prácticas destacan la importancia que tie-  
nen las narraciones en la comprensión del mundo de los niños y las niñas, en el contexto del  
conflicto armado en Colombia. Reconocen que los niños y niñas son partícipes y creadores de  
reflexiones frente a situaciones que los afectan directamente, que son poseedores de narrati-  
vas que merecen ser escuchadas y conocedores de diferentes formas de interpretar el mundo.  
Asimismo, Moreno (2019) en su investigación Configuración de identidades en la in-  
fancia: procesos de memorias colectivas a través de la oralidad, habla de la configuración de  
la identidad como un proceso que comprende la memoria individual, en tanto la memoria  
colectiva es diálogo intergeneracional y resignificación del pasado. Las niñas y los niños son  
constructores de dichas memorias individuales y colectivas, ya que posibilitan el encuentro  
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de identidades desde la otredad y permiten una reflexión en torno a la configuración del ser  
y estar a partir del contexto, las subjetividades; relatos que atraviesan el cuerpo y constituyen  
las formas de habitarse y de habitar el territorio.  
En la investigación Voces del cuerpo en la guerra: disciplinas y resistencias del cuerpo en  
relatos autobiográficos de niños, niñas y adolescentes excombatientes, León (2019) destaca que  
si bien los niños y las niñas en la guerra han experimentado diversas formas de violación de  
derechos, se hace clara la instrumentalización de sus cuerpos como botines de guerra, seres  
sumisos, sin poder ni conocimiento sobre su propio cuerpo. Pese a ello, esta investigación  
logra develar otras maneras de significar y habitar el cuerpo que se construye desde la propia  
experiencia de cada individuo, ya que es en el cuerpo en el que emergen diversas formas de  
resistir, de tomar medidas y generar poder de agencia sobre sí mismos.  
Los niños y las niñas resignifican su cuerpo de múltiples maneras y evitan ser solo un  
cuerpo-máquina al servicio de la guerra. De este modo, se muestra que hay niños que no son  
solo víctimas, en ocasiones también son victimarios, cuerpos escapistas, fuertes y poderosos;  
cuerpos que asumen, que luchan, que importan y que aportan; cuerpos que deciden y, por  
supuesto, que también sufren, como todos los otros cuerpos; además, plantean una lectura  
interseccional de los niños y niñas en la guerra.  
Mejía y Anctil (2017) en su investigación Corporalidades y subjetividades sexuales: el  
caso de las mujeres excombatientes de las guerrillas colombianas, muestran cómo, en el marco  
del conflicto armado en Colombia, niños y niñas han sido reclutados para desempeñar múl-  
tiples labores y responsabilidades con respecto al contexto militar. Sin embargo, ser mujer  
dentro de la guerra ha tenido otro tipo de implicaciones, vivencias, emociones y sensaciones.  
Los investigadores resaltan que los cuerpos de mujeres y niñas quedan relegados al colectivo  
y a los altos mandos, los cuales deciden sobre ellos, en muchos casos de manera forzosa. Su  
corporeidad e integridad es constantemente expuesta a las miradas curiosas que irrumpen su  
intimidad; el asunto de la maternidad, por ejemplo, puede estar vinculada a la obligación de  
abortar o a una negación constante, es decir, las mujeres no tienen el poder de decidir sobre  
sus propios cuerpos. En este punto, se comienza a vislumbrar que, en la guerra, uno de los  
factores de disputa es el cuerpo, en especial el femenino.  
DOI: https://doi.org/10.22517/25393812.25548  
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Según la Comisión de la Verdad (2022): “Entre 1990 y el 2017, al menos 16,238 per-  
sonas menores de dieciocho años fueron víctimas de reclutamiento por parte de algún grupo  
armado en Colombia: 11.314 hombres (69,7 %) y 4.924 mujeres (30,3 %)” (p. 180). En este  
sentido, Acevedo et al., (2021) en su texto Experiencias corporales de mujeres excombatientes  
de las FARC-EP. Un análisis de género, señalan que uno de los principios y máximas en grupos  
armados es la igualdad, desde la cual se estipulan los derechos y deberes de los integrantes, los  
cuales no solo moldean su estructura militar y de lucha, también el cuerpo de cada miembro  
en función del bienestar colectivo, además de mediar y condicionar sus prácticas, creencias,  
sentires y subjetividades. Pero detrás de este discurso se presentan dinámicas cotidianas que  
ellas nombran: Extremadamente machistas, pues anulan las diferencias, necesidades y parti-  
cularidades de los cuerpos, al exigirles la aprehensión de costumbres y formas de vivir espe-  
cíficas e imponerles cambios corporales ante la enfermedad y las inclemencias del ambiente.  
Es así, según el texto, como en estos grupos armados el cuerpo está en constante acon-  
dicionamiento y resistencia física igual y equiparable, tanto para hombres y mujeres, al punto  
de que las mujeres al ser heridas en combate prefieren que las maten a exponer su condición  
de enfermedad, dolor y vulnerabilidad dentro del colectivo. Por ello, las mujeres pertenecien-  
tes a estos grupos armados adoptan actitudes y prácticas tradicionalmente asociadas a los  
cuerpos masculinos (asimilación masculina).  
Este tema también lo abordan Chaurra et al., (2019) en su texto Relatos de mujeres  
en torno a la decisión de ser o no madre en la guerra: una mirada intergeneracional desde los  
lugares de infancia, al afirmar que las mujeres en la guerra no son una minoría, de hecho, al  
momento de llevar a cabo la investigación, las autoras exponen que al menos entre el 40 % y  
el 50 % de los integrantes del grupo armado en cuestión eran mujeres. Sin embargo, poco se  
habla de asuntos naturales e inherentes de ser mujer, como la menstruación, la planificación,  
la gestación y, por supuesto, la maternidad. Esta última, como un escenario de posibilidades  
muy amplio, donde influyen aspectos como las imposiciones patriarcales del grupo armado,  
los ideales machistas sobre las mujeres, la economía, las posturas políticas, las proyecciones a  
futuro, entre otras.  
Ahora bien, teniendo en cuenta todo lo anteriormente expuesto, podemos decir que  
son múltiples las miradas que se han instaurado en torno a la infancia, el género y el cuerpo  
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en el marco de la violencia armada, donde se constituyen subjetividades desde lo individual y  
lo colectivo, a partir de las experiencias propias y de otros. Subjetividades que se ven atravesa-  
das por el miedo, el dolor, la venganza, la rebeldía y, entre otras cosas, por la necesidad de ser  
nombrados parte de un grupo que implica permanencia y seguridad.  
En el texto Infancia en el conflicto armado: un asunto de memoria, de Barrera y Aldana  
(2016), se busca vincular la memoria como una herramienta para conocer a profundidad las  
dinámicas y efectos de la violencia, no solo desde la posición y voz de los adultos, también  
desde las experiencias, prácticas, narraciones y testimonios de las infancias. Así entonces, el  
texto realiza un recorrido y análisis documental frente a esta problemática de manera deta-  
llada, y le otorga reconocimiento a la infancia desde un punto de vista transformador, ya que  
da visibilidad a los sujetos como parte de un ejercicio de reparación y de construcción de  
memoria como un proceso crítico y reflexivo.  
En este mismo sentido, Ruíz et al., (2019) en su trabajo investigativo Memoria in-  
tergeneracional y emociones políticas de niños y niñas del municipio de Amalfi como aporte a  
las pedagogías de paz, amplían la concepción de memoria al explicar que este es un acto de  
reconstruir aquello que se cree olvidado, lo cual permite identificar cambios sociales, econó-  
micos, políticos y culturales, así como aspectos que aún se mantienen. Por consiguiente, es  
preciso reconocer que las memorias, al igual que la infancia, son constructos sociales histó-  
ricos, es decir, pertenecen a unos hechos o situaciones de contextos específicos, cargados de  
emociones, sentimientos, vivencias y lecturas individuales y colectivas que permiten visibili-  
zar aquello que tuvo lugar en un espacio y tiempo determinado.  
Las autoras también hacen la aclaración que al referirnos a memorias, se debe hacer  
así, en plural, ya que no es posible afirmar la existencia de una memoria universal u oficial,  
pues esta es de carácter subjetivo, por ende, los sujetos no recuerdan, relatan o significan un  
acontecimiento de igual manera, puesto que incluso un mismo sujeto puede relatar y signifi-  
car de manera diferente un suceso, en momentos y espacios diferentes.  
Finalmente, se considera que en medio de los procesos de construcción de las me-  
morias resulta importante contar con diferentes estrategias que permitan a los participantes  
expresar y compartir a partir de diferentes formas de expresión sus vivencias, experiencias,  
sentimientos y demás. Por esto, en Narrando el cuerpo: una alternativa para resignificar las ex-  
DOI: https://doi.org/10.22517/25393812.25548  
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armada: memoria intergeneracional de infancias  
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periencias de los niños y niñas en el contexto del conflicto armado colombiano, de Luna (2012),  
se evidencia que al momento de trabajar con memorias se hace necesario considerar que las  
configuraciones de la experiencia son diferentes para cada individuo, y las implicaciones de  
esto en sus cuerpos, su vida y su historia son subjetivas. Por ello se deben procurar estrategias  
diversas de trabajo con los participantes, que inviten a la expresión de sus relatos autobiográ-  
ficos, no solo a partir de la palabra hablada, sino también de la expresión corporal, el arte, el  
juego y otras actividades individuales y colectivas que procuren tejer lazos entre los partici-  
pantes y los investigadores, para así garantizar, en la medida de lo posible, un espacio seguro  
y confiable para las víctimas.  
En síntesis, como resultado de las anteriores indagaciones, exploraciones y búsquedas,  
tanto académicas como de carácter investigativo, se pueden señalar las múltiples huellas que  
la violencia armada ha dejado en los sentires, el cuerpo, el contexto y la vida misma de dife-  
rentes poblaciones, en especial la de niños, niñas y mujeres. Estos grupos, especialmente, han  
sido invisibilizados dentro de la sociedad a lo largo de la historia en relación con el conflicto  
armado colombiano. Las implicaciones que este hecho histórico ha traído consigo envuelven  
su realidad a niveles físicos, sociales, emocionales y psicológicos.  
Sin embargo, como bien se indica, es un asunto que hasta hace poco comenzó a tomar  
relevancia en temas nacionales y al mismo tiempo dentro de una sociedad que suele ignorar,  
invisibilizar, normalizar y justificar actos violentos que suceden dentro de los territorios. En-  
tender el contexto de la guerra y sus diferentes formas no es fácil, esta es una de las razones  
por las cuales aún no existe una variedad de investigaciones alrededor de lo que sucedió y  
sigue sucediendo, algo que se vuelve fundamental, además de necesario, para conocer las  
historias, las realidades y los hechos en la voz de los verdaderos protagonistas y testigos de la  
guerra.  
Asimismo, los despojos a los que se han sometido niños y niñas dentro del conflicto  
armado evidencian limitaciones y restricciones de su propio entorno, de las decisiones frente  
a su futuro y del abuso de poder para cometer aquello que no debían, querían o deseaban, ya  
que viven desde sus diferentes dimensiones humanas situaciones inimaginables, dolorosas e  
inconcebibles. Y a pesar de que hoy en día las cifras son reveladoras y dicientes, existen pro-  
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yectos que poco a poco se han fortalecido para darle voz, memoria y reconocimiento a todos  
esos relatos que se han mantenido detenidos en el tiempo.  
Y es así como de la mano de diferentes estudios se abre la necesidad de repensar esos  
ámbitos que atraviesan los contextos de la guerra, con la intención de propiciar espacios de  
reflexión, encuentro y reencuentro con esos cuerpos capaces, pudientes, resistentes, luchado-  
res y valientes, poseedores de narraciones que merecen ser liberadas, abrazadas. Vale anotar  
que, de las investigaciones aquí mencionadas, solo unos cuantos textos abarcan las categorías  
de cuerpo y memoria.  
Violencia Armada en Colombia  
En esta investigación se abordó la violencia armada como una realidad que impacta directa e  
indirectamente el bienestar, la identidad y la dignidad de los individuos, porque sobrepasa sus  
derechos y los somete a situaciones de vulneración, coacción y degradación de la vida huma-  
na. En el contexto de un país marcado por décadas de guerra constante, la teorización y defi-  
nición de este concepto se vuelve esencial. Autores como Pupo (2012), y Silva (2012), ilustran  
cómo la lucha armada en Colombia ha evolucionado estructural, política e ideológicamente,  
dejando a la población en un padecimiento constante de las consecuencias marcadas por el  
abuso, la opresión y diversas formas de transgresión. La violencia, en sus distintas proporcio-  
nes y modalidades, ha permeado la historia colombiana y ha impactado significativamente a  
la infancia, las mujeres, los adultos mayores y la población en general. No obstante, se señala  
que estos sucesos han sido también catalizadores para movilizar a la sociedad hacia cambios  
históricos.  
En respuesta a esta violencia, se ha buscado constantemente la construcción de paz  
y la reincorporación a la vida civil de grupos al margen de la ley. En este sentido, surgieron  
comisiones académicas e investigativas como instrumentos para la construcción de memoria,  
verdad, justicia, reparación, reconciliación y no repetición, aunque su verdadera implemen-  
tación fue postergada debido a la deslegitimación de discursos y acontecimientos por parte  
de los gobiernos de turno. Al respecto, Jaramillo (2014), argumenta que, “las comisiones de  
estudio sobre la violencia, son dispositivos oficiales que tienen efectos en la manera como  
reconstruimos el pasado, como diagnosticamos el presente y como imaginamos el futuro,  
en medio del conflicto armado” (p. 25). A pesar de los retos complejos y la falta de vínculos  
DOI: https://doi.org/10.22517/25393812.25548  
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armada: memoria intergeneracional de infancias  
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políticos iniciales, estas comisiones dieron cuenta de la violencia y su impacto global, al tiem-  
po que contribuyen a la transformación y dotación de sentido a la memoria de millones de  
colombianos. Hoy en día, múltiples comisiones e investigadores trabajan arduamente para  
enfrentar los desafíos restantes y lograr el propósito original. A pesar de los obstáculos, las  
comisiones se han posicionado como actores fundamentales en la construcción de memoria  
y paz, puesto que han servido como ejes esenciales para abordar los retos para la reparación  
de las comunidades afectadas por la violencia.  
Ocultamiento Y Afectaciones De Las Infancias Por La Violencia Armada  
Desde la sociología de la infancia se reconoce que los niños y las niñas constituyen una pobla-  
ción especialmente afectada e invisibilizada en medio de la violencia armada en intersección  
con otras violencias. De acuerdo con Amador (2021), la infancia es una construcción social  
en disputa, marcada por divisiones arbitrarias y querellas políticas sobre la distribución de  
poder en la sociedad. A lo largo del tiempo, la infancia ha sido conceptualizada desde pers-  
pectivas negativas, pues se le ha asignado atributos de debilidad y vulnerabilidad, lo cual niega  
y disminuye su capacidad para interactuar con el mundo. Amador (2021), subraya, además,  
que las relaciones de poder en las sociedades modernas y contemporáneas han contribuido a  
la construcción de un orden generacional que concibe a los niños y niñas como incapaces de  
gobernar su propia existencia, a partir de una comprensión de la infancia como una construc-  
ción social en disputa, como un proceso que no es unívoco, sino dinámico y conflictivo:  
Las frecuentes divisiones entre edades o etapas de la vida, propias de los distintos  
grupos humanos, no solo son arbitrarias, sino que son objeto de disputas y manipula-  
ciones. Esto quiere decir que la forma en que se define y caracteriza la infancia en una  
sociedad constituye un fenómeno eminentemente político, teniendo en cuenta que se  
trata de un problema relacionado con la distribución de poder entre distintos grupos  
de la sociedad. (Amador, 2021, p. 44).  
Así, cada entorno social condiciona el modo de vida de los niños y las niñas, y la di-  
versidad en sus formas de ser depende de factores sociales, políticos, económicos y culturales.  
Esto implica conceptualizar las infancias, en plural, a partir de categorías como género, etnia,  
clase social, origen, generación, etc., y reconocerlas como portadoras de saberes y experien-  
cias, además de tomar distancia de los discursos que las minusvaloran:  
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En las sociedades modernas y contemporáneas, las relaciones de poder naturalizan  
modos de producción [de perspectivas de infancia] marcados no solo por el sexismo,  
patriarcado, racismo o clasismo, sino también por la construcción progresiva de un  
orden generacional en el que los niños y las niñas han sido asumidos como incapaces  
para conducir y gobernar su propia existencia. (Amador, 2021, p. 50).  
Cuando la sociedad asume las infancias como frágiles e incapaces, se abre la puerta  
a la vulneración de sus vidas, tal y como se evidencia en casos de reclutamiento infantil en  
el marco de la violencia armada en Colombia. Los niños y niñas, motivados por necesidades  
emocionales, son utilizados por grupos armados que restringen su capacidad de decisión y  
menosprecian sus capacidades; especialmente su capacidad de agencia.  
Así, los discursos sobre las infancias han cambiado de generación en generación y  
han modificado de manera significativa la forma en que culturalmente se concibe su realidad  
y su mundo. A pesar de las limitaciones en sus trayectorias de vida, los niños y niñas son  
vistos, para esta investigación y según la Sociología de la Infancia (Gaitán, 2006; Pávez, 2012;  
Amador, 2021), como sujetos reflexivos y capaces de discernir, opinar, decidir y actuar en sus  
vidas, especialmente después de vivir situaciones de violencia armada, ya que son capaces de  
aportar valiosamente a la construcción de memorias de sus cuerpos, comunidades y territo-  
rios.  
Memoria Intergeneracional De Infancias En Contexto De Violencia Armada  
Indagar en el significado de la memoria, su construcción y su papel en la subjetividad de la  
construcción de infancias intergeneracionales, en medio de la violencia armada, es funda-  
mental para esta investigación. Ruiz y Prada (2012) enfatizan que las memorias no solo son  
relatos personales, sino que “son las historias de otros, sus narraciones, sus quehaceres,  
su arte, las que nos permiten la reconstrucción y reescritura de nuestra propia historia, de  
nuestra propia subjetividad” (p. 26). Así, la memoria no se configura solo desde lo individual,  
sino también desde la colectividad, especialmente cuando las experiencias compartidas están  
vinculadas a un territorio. Welzer et al., (2012) destacan que la memoria de una comunidad se  
forma mediante el acto de recordar juntos y de construir continuidad en la práctica de recor-  
dar. En ese sentido, Jelin (2002), plantea que “las memorias y las interpretaciones son también  
elementos clave en los procesos de (re)construcción de identidades individuales y colectivas  
DOI: https://doi.org/10.22517/25393812.25548  
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armada: memoria intergeneracional de infancias  
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en sociedades que emergen de períodos de violencia y trauma” (p. 5). Es decir, los actos de  
violencia armada generan memorias, relatos y narraciones que dan cuenta de las afectaciones  
a nivel familiar, individual y contextual. Sin embargo, algunas poblaciones quedan condena-  
das al olvido y las invisibilizarían, enmudecidas por el abandono.  
Las memorias también pueden configurarse intergeneracionalmente desde el tejido  
de narraciones distintas, se trata del encuentro de diferentes voces que se juntan para hallar  
sentido a los acontecimientos y visibilizar a los sujetos y sus momentos históricos. La vida,  
repleta de aventuras, infortunios, oportunidades, dolores y marcas, no puede abordarse desde  
una única perspectiva, sino desde las múltiples historias, narraciones y relatos. En este orden  
de ideas, Ricoeur (2006) expone que “seguir una historia es una operación muy compleja,  
guiada sin cesar por las expectativas relativas al curso de la historia, expectativas que corregi-  
mos poco a poco y a medida que la historia se desarrolla, hasta que alcanza su conclusión” (p.  
11). Es decir, cada historia debe reconocerse como única, pues los individuos se empoderan  
con sus narraciones y eso contribuye a un constructo social que reconfigura la vida y genera  
reflexiones necesarias para pensar en otros futuros posibles.  
Corporeidades De Infancias Permeadas Por La Guerra  
Los cuerpos marcados por la violencia armada adquieren maneras particulares de existir y  
relacionarse con el mundo, tanto material como simbólicamente, lo cual configura corporei-  
dades. Al respecto, Le Breton (1992), nos ofrece una mirada valiosa al expresar que “la imagen  
del cuerpo es una imagen de uno, nutrida con los materiales simbólicos que tienen existencia  
en otro lado y que cruzan al hombre en un tejido cerrado de correspondencias” (p. 31), o sea,  
el cuerpo trasciende lo físico y se convierte en una constitución subjetiva. Es más que una  
materialidad, es lo natural, lo sensitivo, lo percibido, lo conocido, lo pensado, lo valorado y lo  
querido. Silva (2012), destaca que el cuerpo humano está cargado de vivencias, experiencias y  
sentidos que lo atraviesan y determinan su representación y posición en el tiempo y el espacio.  
En medio de la violencia, el cuerpo no es simplemente una víctima pasiva, es un pro-  
tagonista fundamental, atravesado subjetivamente por las experiencias, porque construye  
identidad a través de lo simbólico. En este sentido, Silva (2012) menciona que:  
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El cuerpo, no solo considerado como elemento inmediato sobre el que recae la vio-  
lencia sino también como imagen, es el lugar en el que se reafirma la experiencia del  
dolor y la superficie sobre la cual se escribe la historia. (p. 47).  
Por tanto, es crucial reconocer que el cuerpo también lleva consigo experiencias de  
dolor, angustia, miedo e incertidumbre, especialmente en contextos de violencia armada. Fe-  
rreirós (2016) destaca que el cuerpo, preso del biopoder, se suelta de sus amarras y obliga a  
tomar posición frente a las adversidades.  
En el contexto de la violencia armada, los efectos y las marcas en el cuerpo de las  
víctimas son incalculables. Específicamente, en el caso de las mujeres, que han sido objeto de  
conquista, vulneración, control y destrucción. Segato (2014), explica que “el cuerpo, y muy  
especialmente el cuerpo de las mujeres, por su afinidad arcaica con la dimensión territorial,  
es, aquí, el bastidor o tableta sobre el cual los signos de adhesión son inscritos” (p. 351).  
A pesar de las numerosas injusticias, las mujeres han hallado maneras de resistir y de  
resignificar las vivencias en la guerra. Los cuerpos de las mujeres, permeados por la guerra,  
inscriben emociones, heridas y resistencias, revelando verdades ocultas y desafiando estruc-  
turas de poder. Así, en medio de las dificultades y los atropellos, las mujeres han logrado re-  
construir sus vidas y han presentado sus cuerpos como símbolos de lucha frente a la violencia.  
A pesar de las consecuencias físicas, emocionales, psicológicas y sociales, las voces de estas  
mujeres reconocen su valentía y otorgan significado a sus historias, lo que permite que estas  
se transmitan generacionalmente.  
Metodología  
Esta investigación se propuso dar visibilidad a las voces de niñas de distintas generaciones  
que han vivido en contextos de violencia armada, una población históricamente invisibiliza-  
da, precarizada y menospreciada. La investigación cualitativa fue elegida en tanto posibilita  
indagar por sus vivencias, experiencias, subjetividades y por las diversas formas en que cons-  
truyen y reconstruyen memorias de infancia.  
A partir de la definición de la investigación cualitativa de Creswell (1998), el enfoque  
se centró en un proceso interrogativo de comprensión. Este enfoque permitió explorar pro-  
blemas sociales y humanos desde diversas perspectivas culturales, de género, etnia, socioeco-  
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nómicas y corporales. El análisis se centró, pues, en la interpretación de los cuerpos de algu-  
nas mujeres en sus infancias, desde el uso de un enfoque hermenéutico para comprender el  
sentido que tiene para cada mujer el haber sido niña en la violencia armada. La hermenéutica,  
según Vasco (1990), permite reconstruir piezas aisladas y comprender el todo-con-sentido.  
La experiencia de trabajo de campo situó a las mujeres como protagonistas absolutas,  
entonces se creó para ello, y por iniciativa de las mismas mujeres participantes, la tertulia o  
tertuliadero, como ellas mismas la llamaron, y en cuyos encuentros semanales se utilizaron  
técnicas o herramientas como el manifiesto, la cartografía corporal, la colcha de retazos y el  
círculo de la palabra. Estas técnicas posibilitaron la expresión individual y colectiva, la intros-  
pección, el reconocimiento del cuerpo como territorio, la construcción y reconstrucción de  
memorias, y la creación de espacios seguros para la conversación. Además, se implementaron  
técnicas adicionales como la observación, entrevistas, recorridos territoriales y participación  
en otros espacios comunitarios para enriquecer la recolección de datos. Este espacio creado  
por y para las mujeres de la comunidad, un espacio para la conversa, la juntanza y el abrazo,  
fue bautizado por ellas como El Tertuliadero Raíz de Fuego Mujeres.  
Resultados  
Vida De las Infancias En Contextos De Violencia Armada  
En la Comuna 2 de Medellín - Santa Cruz, la violencia armada ha dejado una marca indele-  
ble que ha impactado especialmente a las infancias y ha sembrado un constante temor en la  
comunidad:  
Yo llamaba del colegio antes de salir a mi casa para saber si estaban en enfrentamien-  
tos o no, porque uno nunca sabía. (S1SC; AM30).  
“Un combo1 de acá abajo atrapaba los niños cuando iban para el colegio. (T3; MA53).  
“Lo único que podíamos hacer en esa época era estar encerrados y a veces ellos mis-  
mos avisaban en los colegios que tenían tantos minutos para sacar a los estudiantes  
porque se iban a prender. (S3BO; AM, 62).  
No obstante, las tertulias permitieron a las mujeres ir más allá de la adopción de roles  
de víctimas, puesto que se esforzaron en leer su vida como constructoras de justicia y esperan-  
1 Nombre coloquial que se le da a un grupo armado delincuencial.  
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za. Compartieron sus experiencias como un acto de resistencia y sanación. En El Tertuliadero,  
las emociones jugaron un papel central al conectar con las infancias vividas y contribuir al  
proceso de reconstrucción. Sus relatos revelaron una ambivalencia al reconocer las afectacio-  
nes de las violencias y resaltar, al mismo tiempo, las maneras en las que encontraron refugio  
en sus familias, amigos, comunidad, etc.  
“Las mujeres hemos sufrido mucho, pero mientras nuestros padres vivieron fuimos  
muy felices. Luego de que murieron, ya todo se desplazó, todo cambió y apareció el  
dolor. (T4; AM68).  
Todas mis lágrimas y sufrimientos Dios me los ha recompensado con una vejez tran-  
quila. Algo que no tuve durante mi infancia. (T1; AM).  
En contextos afectados por la violencia, mujeres de distintas generaciones narraron  
cómo encontraron opciones de vida y resistencia a esa violencia a través de la educación, la  
música y otras expresiones artísticas: Aprendí música y esa fue mi forma de aportar a ese  
cambio, a pesar del dolor y el miedo que sentía, yo seguía creyendo en el cambio y en la mú-  
sica” (S1SC; AM30). Asimismo, las mujeres leen sus infancias y las valoran por las libertades  
o restricciones en su vida cotidiana, visibles por las posibilidades de jugar: “Yo siempre salía a  
jugar y tenía mucho espacio, pero mi hija tiene que quedarse más encerrada en el barrio, casi  
no sale” (S1BO; AM).  
Como resistencia, insertas en comunidades, ellas compartieron también sus memo-  
rias como un acto de rebeldía, plasmadas en grafitis, música y literatura local. Las memorias  
están entrelazadas con diferentes aspectos del ser y de recuerdos a través de los sentidos,  
objetos, música y emociones. Por ello, estas expresiones se convierten en vehículos importan-  
tísimos para la sanación y la construcción de paz.  
El miedo también se manifiesta como una realidad sentida por muchas niñas y muje-  
res, ya que permea sus cuerpos y almas:  
Yo temblaba de miedo cuando pasaba por algunos lugares y ni siquiera era cons-  
ciente de eso. Después me di cuenta de que no era la única, que muchos niños y jóve-  
nes que habíamos crecido en medio de la violencia estábamos muy asustados todo el  
tiempo. (S1SC; AM30).  
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El dispositivo del miedo se ha arraigado en la sociedad y se ha convertido en una he-  
rramienta de control social.  
Además del miedo, la violencia sexual y de género surgen como una de las formas más  
recurrentes en las narraciones compartidas; las mujeres han enfrentado inimaginables formas  
de acoso y abuso, y esto les provoca la vergüenza y culpa. Las agresiones físicas también con-  
figuran memorias de dolor y miedo:  
Yo me escondía detrás de la puerta de mi casa a temblar si eran las 7 de la noche y él  
no había llegado, porque Dios sabía que llegaba borracho a golpearme. (E1; AM 53).  
“Esa gente se apoderaba de casas viejas, abandonadas, y allá llevaban las niñas y las  
violaban, y al otro día uno escuchaba las mamás y las señoras decir: “Hay unos cal-  
zoncitos, a quién violarían acá, o cualquier prenda, una faldita, unos tenis, algo”  
(E1; AM53).  
Es evidente entonces que los cuerpos femeninos, protagonistas invisibles en las narra-  
tivas de la guerra, enfrentan diversas violencias.  
En la segunda mitad del siglo pasado, Santa Cruz se convirtió en un refugio para aque-  
llos que huían de la violencia rural. Las mujeres, niñas y familias desplazadas transformaron  
estas laderas en su hogar y se enfrentaron en silencio a la violencia urbana. Diferentes grupos  
armados se disputaron el territorio y marcaron fronteras invisibles, lo que, por supuesto, des-  
encadenó una guerra que dejó huellas imborrables.  
“Cada día eran 1, 2, 3, 4 muertos y eso era lo normal. Ahora ya no hay muertos, pero  
hay desaparecidos, la violencia sigue presente en nuestras vidas a diario. A mí me han  
amenazado muchas veces, a muchas de las que estamos aquí yo sé que también. Allá  
llevaban a matar a la gente y uno escuchaba cuando rogaban -no me mate, no me  
mate-” (E1; AM53).  
A pesar de esto, la comunidad construyó la comuna con esfuerzo y la convirtió en la  
segunda más habitada del nororiente de Medellín. El desplazamiento forzado y la migración  
interna no solo tuvieron implicaciones materiales y emocionales, sino que transformaron  
raíces y cultura de las niñas y mujeres. Las mujeres de Santa Cruz, niñas, jóvenes y adultas,  
trabajan incansable y creativamente, con imaginación moral (Lederach, 2007), por encontrar  
nuevas formas de habitar el territorio:  
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“A los ‘muchachos del barrio2’ hay que incluirlos en los procesos, no tenerles miedo,  
invitarlos a los espacios y que participen, ellos también viven aquí, hacen parte de la  
comunidad, tenemos que dejar de creer que no. (S1SC; AM57).  
A lo largo del tiempo, el papel de las mujeres en la sociedad y las familias ha sido des-  
valorizado y limitado. En contextos de reglas y orden, aprender las labores del hogar era nor-  
mal, así que se ignoraba la interrupción de la infancia y las niñas que antes jugaban comenza-  
ban a ser adultas en cuerpos que no sentían como propios. Cargar con la responsabilidad de  
dar a luz, criar, educar, mantener, trabajar y más nunca fue reconocido como suficiente. En  
sus relatos es reiterativo que a pesar de darlo todo, se les exigía siempre dar más.  
“Cuando mi hermana empezó a crecer, ya no jugaba más, sino que la mandaban a  
cocer y a la cocina, la perdimos como compañera de juegos y ella siempre nos veía a  
lo lejos. (T4; AH58).  
“El trabajo mío era estar en la casa porque así me lo exigían. (S3; AM62).  
Yo fui mamá toda la vida, no sé hacer otra cosa más que eso. (S1; AM59).  
En muchas ocasiones, sus cuerpos fueron violentados, “entregados” y “apropiados. A  
pesar de todo, han resistido y reclaman hoy ser dueñas de sus vidas y decisiones; han encon-  
trado la manera de convertir su sufrimiento en fuerza y poder:  
Él tocaba mi cuerpo, pero no mi interior y cada golpe que él me daba me alejaba más  
de él. (S3SC; MA53).  
Yo ya no sentía nada, solo me perdía en mis pensamientos mientras hacían conmigo  
lo que les daba la gana. Yo pensaba en cosas bonitas, en recuerdos y memorias de mi  
infancia. (T2; MA63).  
La importancia de escuchar y compartir experiencias entre mujeres de distintas gene-  
raciones radica en su poder transformador. La creación de vínculos sólidos y la construcción  
de espacios seguros permiten que las mujeres se apoyen mutuamente, se fortalezcan y cons-  
truyan memorias de infancias que posibilitan la reparación y construcción de paces desde  
abajo.  
2 Los muchachos del barrio” es una expresión eufemística coloquial de habitantes de la ciudad de Medellín para referirse  
a los grupos armados ilegales que controlan los barrios, a manera de pandillas.  
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“A veces sentimos que no tenemos quien nos escuche, y qué mejor que escucharnos  
entre nosotras mismas, que tenemos a veces vivencias parecidas, que hemos vivido  
violencias parecidas, que nos ha transcurrido en el cuerpo, en la vida y en el alma  
cosas similares y que nos podemos encontrar desde esas memorias, desde esa colecti-  
vidad y abrazarnos. (T1; AM24).  
Abrazar la vida y resistir a pesar de las adversidades se convierte en un acto de resis-  
tencia, de resignificación del dolor, como una fuente de poder, fortaleza, unión y, por supues-  
to, esperanza.  
Conclusiones  
Esta investigación profundizó en la reflexión acerca de las implicaciones que tiene para mu-  
jeres, de distintas generaciones, ser o haber sido niñas en entornos marcados por la violen-  
cia armada, en este caso, en la Comuna 2 de Medellín - Santa Cruz. Se destaca la imperiosa  
necesidad de comprender las experiencias a través de relatos de la memoria como potencial  
de resistencia y referente para el desarrollo de acciones pedagógicas con las generaciones del  
presente, especialmente con las niñas.  
Se hace evidente también la responsabilidad inherente de reconocer la deuda histórica  
que la sociedad mantiene con las mujeres, niñas e infancias que han experimentado la cru-  
deza de la violencia armada. La narración de sus vivencias, roles y resistencias se erige como  
un pilar fundamental para la reparación y la reconciliación en comunidades afectadas por  
décadas de conflicto, y se les concede el reconocimiento como agentes activos, más allá del ser  
víctimas. Asimismo, se resalta la importancia de reconocer a las mujeres como agentes activos  
en la construcción de la paz y la reconciliación, ya que la sororidad, como acto político, se  
transforma en un influyente catalizador. En este sentido, nace en la Comuna 2 - Santa Cruz,  
El Tertuliadero Raíz de Fuego Mujeres, concebido como un espacio para el diálogo intergene-  
racional, que posibilita la congregación, la conversación, la escucha y reafirma la importancia  
de narrar y compartir sus historias de infancias como mujeres.  
Es importante mencionar que en este artículo se desarrolla la idea de que tanto las  
memorias como las infancias son construcciones sociales e históricas, cargadas de emociones,  
vivencias y percepciones individuales y colectivas. Así como se reconocen y visibilizan las  
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diversas formas de resistencia de las mujeres, entre ellas el abrazo, la empatía, el perdón y la  
congregación como métodos para sanar y construir puentes hacia la paz y la reconciliación en  
sus territorios. Por consiguiente, iniciativas como espacios de memoria, arte, teatro y fútbol  
emergen como estrategias valiosas para abordar diferencias, reconocer heridas y construir  
comunidad. Finalmente, reconocer y relatar las experiencias de mujeres y niñas en entornos  
de violencia armada es, sin duda, un paso crucial hacia la construcción de paz, justicia y re-  
conciliación, además de un nutrido aporte a la pedagogía de paz.  
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